lunes, 24 de noviembre de 2014

Petronila

El día que me enteré de que mi abuela estaba en el hospital me encontré una mosca muerta en mi jersey. Estaba sentada en el sofá, miré hacia abajo, y allí estaba, una mosca muerta sobre mi pecho.

Y supe con certeza que iba a morir.

Ya hace unos meses de esto, mi abuela murió en mayo y ya estamos terminando con noviembre. Y aún no puedo mirar la foto que tengo pinchada en el tablón de mi cocina, no puedo mirarla a los ojos y no apartarlos. Porque recuerdo su mirada cuando vió que había cogido un avión el día después de ser ingresada, cuando me miró y ella también supo que iba a morir. Fuí su mosca muerta.

Pero no escribo esto para hablar de mis sentimientos, para contar que me tortura el recuerdo de su espalda esquelética por ese hueco que dejan los camisones de hospital, o para decir que quería mucho a mi abuela y que el mejor regalo que me hizo ella fue saberlo a pesar de que yo no se lo demostrara como debía.

Quiero contar una historia acerca de ella. De ella y de Petronila:

Mi abuela, de niña, vivía en una casita pequeña en un barranco. Tenía tres hermanos y una hermana. Tenían una vida muy aburrida, sin practicamente distracciones porque para llegar al pueblo o a dónde hubiera gente con la que alternar les tocaba una larga caminata y a veces el tiempo de descanso del trabajo de la tierra no era tanto. Así que cuando iban a ver a sus tías, que vivían en el barranco de enfrente era toda una fiesta. Mi abuela siempre adoró a sus dos tías: Benigna y Petronila. Eran cariñosas con ella y sus hermanos, y supongo que eran un referente joven y divertido.

Cuando mi abuela era adolescente, seguía viviendo en la casita del barranco, pero cada vez pasaba más gente por allí, incluído un joven carretero, que pasaba con su burro de camino al mercado. Mi abuela se metía entre la hierba de delante de su casa para que él no viera que ella no tenía zapatos. No sé cuanto tiempo tuvieron que lanzarse miraditas antes de que él se decidiera a pedir ser su novio. Gracias, abuelo, gracias a eso estoy yo aquí. Gracias por no darle importancia a lo de los zapatos. Como ibas a darsela con esos labios y ese pelo, verdad?

Mi abuela se casó ya un poco mayor para lo habitual en su época porque tuvo que esperar a que los abuelos de su marido murieran, puesto que mi abuelo los mantenía y no podía permitirse mantenerlos a ellos y una familia propia. Un vida extraña en la que los jóvenes mantenían a los viejos y no al revés, como ahora. Cuando los abuelos de mi abuelo murieron, pudieron por fin casarse, pero la madre de mi abuelo seguía viva, así que tuvieron que vivir los tres juntos. Por su suerte mi bisabuela era un tia muy enrrollada, una mujer de bandera, su marido la dejó embarazada y con un niño de dos años (mi abuelo) para irse a Cuba a trabajar y nunca volvió. Allí formó otra familia y ahí te quedas, Carmen. Tuvo una vida muy dura como mujer casada pero sin marido (imaginad: 22 años, no se puede casar de nuevo porque no es viuda y no puede tener amantes porque es un pueblo de mierda en 1930 y la marginarían a ella y a sus hijos), así que apoyaba mucho a mi abuela y fue un pilar importantísimo para ella durante los treintaypico años que seguiría viva, sobreviviendo bastantes años a su propio hijo.

Por otro lado, mi abuela tenía también a su madre viva. Cuando su madre empezó a hacerse muy mayor, la acogió en su casa la hermana de mi abuela. Tendría yo unos 10 años cuando mi bisabuela Carmen (la suegra de mi abuela) se partió la cadera y murió. Para ese entonces, las adoradas tías de mi abuela, Benigna y Petronila, se habían mantenido solteras y estaban también muy mayores. A Petronila hacía tiempo que otro de los hermanos de mi abuelo y su mujer la habían acogido en casa. Pero Benigna, la más joven, que ya estaba casi ciega vivía sola en su casita del barranco. Y qué iba a hacer mi abuela, eh? Dejar a su querida tia morirse sola? Pues no, había quedado una vacante libre en casa así que la acogió. Durante unos cuantos años Benigna ocupó un sillón de honor en el salón de mi abuela. Recuerdo que cuando mi hermano, tambaleante aún pasaba por delante como un terremoto, la pobre apartaba sus piececitos hinchados y su bastón para que él no tropezara. Yo era pequeña, pero ahora me arrepiento mucho de no haber prestado más atención a todas estas personas que conformaban mi pasado y tener que saber de ellas cuando ya están muertas.

Pero volvamos a Petronila. Petronila amaba las flores. Mi abuela amaba las flores y su jardín era no solo su orgullo, sino la envidia del pueblo. Era algo que ambas compartían y que Petronila le transmitió de niña. Pero el hermano de mi abuela y su mujer, que la tenían acogida en casa, tenían problemas. Problemas muy serios. Cáncer y alcoholismo estaban sobre la mesa. Al final el matrimonio se rompió y no había nadie que pudiera acoger a Petronila. Tanto mi abuela como su hermana tenían ya a una viejita en casa. Mi abuela además tenía a una hija deficiente de la que cuidar también. Así que Petronila tuvo que ingresar en un asilo. Fue un duro golpe para mi abuela, que consideraba los asilos el peor de los destinos. Sus mayores, su familia, eran importantísimos para ella. Creo que cuando todos se habían cansado del ambiente opresivo y deprimente de aquel sitio, ella siguió yendo una vez por semana a verla. Recuerdo que alguna vez también me arrastró con ella. Durante ese periodo de tiempo, el hermano de mi abuela de alguna manera consiguió que Petronila firmara testamento a su favor, puesto que ellos la habían acogido en casa. Estoy segura de que esto torturaba a mi abuela más de lo que puedo imaginar. Al final, Petronila murió. Al final, Benigna también murió.

Mi abuela ya no podía hacer nada por ellas. Y para intentar aliviar el sentimiento de culpa que la embargaba por Petronila, le llevaba flores al cementerio todos los domingos. Flores de su jardín. Nadie hubiera sospechado nunca que aquella tumba era de una señora que murió soltera y sin hijos.

Y entonces este mayo, cuando vestida de negro y sin haber podido soltar una lágrima, aún con el shock de aquellas vertebras que parecían querer atravesar la piel de la que una vez me llevó zumos de naranja a la cama, se me ocurrió comentar que por fin iba a reencontrarse con mi abuelo, sin zapatos ninguno de los dos, me dijeron que no, que ella había pedido que la enterraran con Petronila.

- ¿Petronila? ¿por qué?.
- Porque si no, nadie le volverá a llevar flores.

Y entonces pude llorar. Que maravillosa persona eras. 




jueves, 17 de octubre de 2013

Gymkhana

Es curioso como funciona el cerebro del ser humano. O al menos el mío. Como se compartimenta en distintas secciones y todas tienen que estar actualizadas. Alegrías, aficiones, autoecarnio, autoestima, adicciones, preocupaciones. Sobre todo preocupaciones.

Cuando pienso acerca de mis sueños y expectativas sobre la vida siempre llego a la misma conclusión: quiero vivir sin preocupaciones. Sueño con que llegue un día en el que me vaya a la cama y no haya ningún motivo que me impida dormir. Y me descojono porque es probablemente el sueño más imposible de cumplir. Cada vez me doy más cuenta de que la vida no es sino una gymkhana de preocupaciones y que tienes suerte si no te atascas demasiado tiempo en ninguna. Hasta hace nada tenía una continua y permanente preocupación en la cabeza, a todas horas, el mismo pensamiento: y si no termino nunca la carrera? Y si todo esto termina en un gigantesco fracaso? Y seguramente le debo a este pensamiento el haberla acabado. El miedo al fracaso y al ridiculo.

Pero es curioso como justo cuando la estaba acabando me han detectado hipotiroidismo. A veces lo pienso y es que no me lo creo. Cuando consigues librarte de una preocupación aparece otra. Cuando no es mascota del amor que está viejo es que el blog lo tengo abandonado, o que no tengo ropa, o dinero. O mi familia. O no dar la talla y que P descubra que soy un fraude. O la sensación de no formar parte de verdad de la vida de la gente a la que quiero. O la inminencia de la vida real. No sé, de verdad tiene que ser todo tan dificil? Y eso que creo que soy una persona bastante serena en este sentido y muy capaz de meter las cosas que no le gustan en una burbujita y mandarla al universo. Pero aún así tengo siempre esa sensación de estar corriendo delante de un toro que me va a pillar. Esa sensación de "me voy a llevar una hostia pero no sé por dónde".

Muchas veces fantaseo con una vida de vuelta a los orígenes, en una casita pequeña con un huertito. Y vivir de mi huertito, todo el día vestida con ropa cutre, haciendo trueque con lo que necesite. Por lo visto mi madre conoce a una finlandesa que vive así. Se vino de finlandia de viaje, se enamoró de las islas y ahora vive en el quinto pimiento así, a lo hippie. Pero en el fondo sé que una vida así tampoco sería satisfactoria. Porque nunca he tenido que pasar necesidades y soy una chica acostumbrada a los gadgets, a ir al cine, a comer cositas ricas y a tener comodidades. Y a que el universo provea. Porque si algo tengo que concederle es que siempre acaba haciéndolo.

Pero que coñazo todo, no? La vida, que maravillosa y que coñazo a la vez.

lunes, 3 de junio de 2013

Una de resplandior

El otro día fuí al endocrina para hablar de Purrucu. Iba sin cita porque la endocrina considera a Purrucu de vital importancia, sobre todo tras descubrir que quería dominar el mundo.

En fin, que al llegar allí descubrí que en la sala de espera estaban una monja y una vieja (la llamaremos vieja simpática) esperando su cita. Tan tranquilas ellas con sus holas, sus prontos, sus revistas variadas, poniéndose al día con lo más selecto de la sociedad. Yo me senté enfrente de ellas, saqué mi kindle y me puse a leer, sabiendo que aquello iba para rato largo peludo, porque si algo le gusta a mi endocrina, es pegarse el palique con otras señoras de su quinta. A mí me despacha rápido siempre...será que le caigo mal? Le caerá mal Purrucu? Bueno, allí estabamos las tres en perfecta armonía hasta que se abrió la puerta de la calle y entró una tercera vieja (la llamaremos vieja hdp). La vieja hdp caminaba leeeeeento, con pasos hostiles y cara de estar mentalmente perturbada. Yo pensé "jo, esta tiene el tiroides hecho mierda, porque ese caminar es como de estar muy muy muy bajita de ánimos". Cuando llegó a donde estabamos se sentó a mi lado haciendo muchos aspavientos, como para dejar claro que había llegado. Cosa que era muy obvia porque era de esas personas que irradian odio aunque estén calladas y te dan como miedo, porque estás todo el rato esperando una colleja sin que hagas nada. Por supuesto había como mil sitios libres pero eligió sentarse al ladito mío. Que estaba enfrente de la monja y la vieja simpática. Soltó el bolso y se quedó mirando con la boca abierta en un rictus de mucho asco, a lo que yo pensaba que era el infinito. Pasó un rato. Pasó otro rato. Y de repente habló. Despacio su boca se abrió, con una cuidada pausa dramática que hizo que dejaramos kindles, holas y prontos y esperaramos ansiosas su declaración.

- ...Una monja.

Nos miramos las tres.

- ...Pfffff.

Nos volvimos a mirar, flipando.

- No vamos a salir de aquí en la vida.

La monja la miraba con cara de WTF. Yo pensaba en mi resplandior. La vieja simpático se atrevió a responder.

- No, lo que hay dentro es una señora normal.

Ajá. Bien jugado. La monja dijo:

- Yo si que soy monja.
- Es que cuando entra una monja se pone a hablar y a hablar y a hablar y no termina nunca. Porque ella es como de una congregación o algo de eso y no para.

La monja, angelito de dios (nunca mejor dicho) era un encanto e intentó excusarse toda jovial y sonriente ella:

- Ah, lo dice por eso! No mujer, si todo depende de la persona, sabe? Porque yo a veces he venido y había gente dentro y he tenido que esperar muchísimo. Por ejemplo si alguien viene por primera vez, sabe? Porque ella se pega un rato para saber lo que tienes, pesarte, medirte, hacerte pruebas, averiguar que te pasa....sabe? Pero no tiene nada que ver con las monjas!! A mí por ejemplo a veces me despacha muy ráp...
- Mira - llamando por teléfono, pasando de la monja EN SU CARETO- que aquí hay una monja. Si, y ya sabes como se pone ella con las monjas.  Si, muy pesada. Entonces estoy pensando que me da tiempo a ir al ambulatorio mientras. Si, ven a buscarme.

Y así, sin despedirse ni nada, coge y se va, refunfuñando como si las monjas le hubieran robado todo lo hermoso que hay en esta vida, que quizá era íntima de Sor María o algo, vete tú a saber.

- Es que aquí se sabe cuando se entra pero no cuando se sale... (la vieja simpática intentando quitar hierro al asunto)

Total que entra la monja a consulta y la muy perraca se pega lo más grande, la cabrona. Luego pasa la vieja simpática y cuando yo ya estaba pensando que por fin iba a poder entrar con Purrucu vuelvo a sentir esa tensión demoniaca en mi cogote y esos pasos lentos y pesados. SHIT. La vieja hdp vuelve a sentarse a mi lado a pesar de que la sala está VACÍA y de que estoy leyendo concentrada.

- Lo que hay dentro es una monja?
- JODER QUE OBSESIÓN CON LAS MONJAS, AMIGA No.
-...
-...
- Dijo algo de por qué no estaba yo aquí?
- Ajam, alguien está enamorada y celosilla? No.

Se abre la puerta de la consulta y aparece la endocrina:

- Purrucu, pasa. Jo, estás asoplada.

No, encima me insulta a mí la tia.

jueves, 2 de mayo de 2013

Desquiciada, como concepto

A día de hoy, estoy harta de:

- Windows y sus p*t*s actualizaciones y sobre todo de sus p*t*as configuraciones posteriores. Que digo yo que me podrías preguntar SI QUIERO O PUEDO hacerlas EN ESE MOMENTO EN CONCRETO.
- De hotmail y su conversión a retrasado mental incapaz de abrir un correo en menos de 3 minutos y ochenta clicks y su incapacidad profunda para adjuntar un archivo de manera eficaz. Y ODIO gmail.
- De que el ventilador de mi ordenador se ponga como si estuviera trabajando para la nasa CONTINUAMENTE y vaya más lento que el caballo del malo cuando es relativamente nuevo, lo uso para navegar por internet, y lo tengo más limpito y cuidado que a un bebé (softwarianamente, se entiende). Igual los dos primeros puntos tienen que ver con esto pero sigo enfadada con ellos igual.
- De que el tipo de administración de mi facultad tenga plenty of time de recordarme que pague tasas que ya he pagado, y que me lo recuerde VARIAS VECES, pero no me conteste un mail encantador con dudas urgentes.
- De que llames a alguien, no se pueda poner, se comprometa a llamarte más tarde y NO LO HAGA. Y que esto pase varias veces seguidas. Y no, no me está evitando, basicamente porque no tiene razones para ello, y además hablamos de un tema profesional, no personal.
- De que una profesora me diga que le escriba un mail para mandarme unos apuntes y se lo mande y ella no me responda. Voy a extenderlo a TODOS AQUELLOS PROFESORES QUE PASAN DE CONTESTAR A MIS MAILS.
- De que la hijadeputademiprofesoralahijadeputa (una distinta a la anterior, que no es hijadeputa, solo despistada) me trate como si pretendiera sacarme su asignatura por la cara y como se le ha metido ese maravilloso pensamiento en la cabeza ha decidido que tiene que darme una importante lección moral acerca de cuanto cuestan las cosas y se dedique no solo a tratarme con un paternalismo vomitivo y a putearme sin ningún tipo de disimulo y a hablarme como si me faltara un hervor. Esto me jode especialmente, porque ya tengo una edad y resulta que pago dinero para estar en la universidad, no me tiene que dar ninguna lección moral, y no tiene que tratarme como si tuviera cinco años.
- De que en general, no puedas confiar en la eficacia de absolutamente nadie al que le pides un favor ubersencillo.
- De llevar tres semanas a dieta súper estricta y de haber corrido (cosa que odio profundamente) todos los días exceptuando 4 que estuve con antibióticos y pasé, y que la báscula y la ropa me digan que no he bajado un p*t* gramo. Me jode no por estar a dieta, porque realmente no la llevo mal. Me jode porque hago dieta para ver resultados, no para hacer la monguer. Y si, son tres semanas, no es mucho. Pero ni un gramo, joder? Qué significa? Que puedo estar toda mi vida comiendo esto y mi cuerpo no se va a enterar? Y entonces para qué? Por qué no como normal, entonces? Me hostiliza épicamente.
- De mi madre, que no para de ponerse mi ropa, insinuarme que cuesto mucho dinero, e insinuarme las ganas que tiene de que me pire a vivir con P.
- De la plasta de mascotadeldemonio y su manía escarbatoria que me hace querer agarrarla de las orejas y descubrir si vuela. Tampoco ayuda que después de siete años conmigo siga pensando que me la quiero comer.
- De estar lejos de P.
- De soñar todas las puñeteras noches con gente en la que no pienso de día y que no me apetece que salgan en mis sueños. NO QUIERO SOÑAR CON ELLOS. Ni en solitario ni en combinado. Empiezo todos los días con el pie torcido. Y no son pesadillas, son sueños normales. Pero me canso del monotema.
- De muchos blogueros que no sé para que leo si me hostilizan cantidad.
- De muchos twiteros.
- De perder el tiempo todos los días sin saber ni como ni por qué.
- De que me queden cuatro asignaturas, veinte días para examinarme de la primera y tener un estrés continuo de que no las voy a aprobar.
- De que se me caigan las cosas de las manos SIEMPRE.
- De no tener un puñetero duro y si un millón de gastos.
- De que cuando digo estas cosas me pregunten: "y qué quieres? la vida es así." Como que qué quiero? Pues que no lo sea. Que las cosas salgan bien a la primera y punto. Que no puede ser? Ya, pero me cabreo IGUAL.
- De cualquier tipo de ruido tipo: el estor golpeando por el vientecillo, la puerta de la solana que es metálica y roza con el suelo, el taladro del vecino...
- De la mierda de ducha de esta casa que sale un chorro absurdo y tibio que dan ganas de matar.
- De tener ganas de matar continuamente.
- De que todo el mundo me parezca imbécil. 
- De los "deberías haber hecho...". NO AYUDAS. NO HAY MAQUINAS AL PASADO. Si quieres proponer algo proponlo hacia el futuro. Claro que debería haber hecho blablabla, no lo hice, igual tenía un por qué, igual no, pero seguramente ese pensamiento ya lo he tenido yo.
- De la gente que se te para en medio de tu camino cuando vas por la calle.
- De la gente en general.
- De mi familia, que el resto del tiempo me parece súper guay y ahora me parecen todos super cansinos.

Y podría seguir indefinidamente. Estoy, basicamente, desquiciada. Bloqueada, frustrada, y cabreada con el universo. Aviso, seguramente odie la mayoría de vuestros comentarios. Buscaré cualquier razón para odiarlos. No es personal, os lo prometo.  Simplemente es que estoy llena de odio. Espero que salga en algún momento espontáneamente porque anoche vi Ironman 3 y me ayudó muchísimo pero por desgracia solo hay tres pelis de Ironman. Así que tengo poca droga para muchos días.

martes, 23 de abril de 2013

10 libros importantes para mí


Bien, no suelo hacer reseñas de libros, pero hoy es un día especial para ellos. Leer es uno de mis grandes vicios y placeres. Leo siempre antes de dormir, aunque llegue a las 8 de la mañana a casa después de una marcha loca. Leo para relajarme, leo como ocio. Tengo algunos prejuicios, pero pocos. Mis mayores prejuicios son con la gente que no lee o que se las da de lectora y luego resulta que lee un libro al año o cinco libros a la vez que jamás terminan y cosas de ese estilo. No sé, no me gusta la gente que usa la lectura como una pose. O te gusta o no te gusta. Y si te gusta, lees. No hay más. No existen los "me encanta leer pero es que no tengo tiempo", porque siempre hay tiempo. Entiendo que no haya tiempo para pegarte leyendo toda la tarde pero es que leer no funciona así. No tienes que sentarte y leerte un libro de golpe. Mi kindle va siempre en mi bolso y leo en la guagua, en la consulta del médico, dónde puedo. Leo todos los días y desde que me compré mi reader puedo leer un libro nuevo cada vez que acabo el anterior. Cuando no tenía reader leía igual que ahora, pero a veces tenía que tirar de relecturas o conformarme con lo que encontraba en casa, en la que por suerte siempre hemos sido lectores. Gracias, Papá, gracias, Mamá. Ahora siento eso que Moli describe tan bien de "el libro que me toca leer ahora me llama".  Así que hoy, como homenaje a esa parte en mi vida voy a poner 10 libros que de una u otra manera me han tocado la fibra. 10 libros importantes para mí.

No los he pensado mucho, van a ser los diez primeros que me vengan a la mente, porque reducirlo a 10 es complicado, y o me acuerdo de los clásicos de mi vida o de los últimos que he leído que me han marcado, estoy un poco espesa. Así que es una selección bastante sesgada.

1. Orgullo y prejuicio, Jane Austen. Es probablemente el libro que más veces he leído nunca. Es un clásico entre los clásicos, lo leí super jovencita la primera vez y lo tengo muy desgastado. Pero es taaaaaan bonito, tan divertido, tan tan tan. No entiendo que exista alguien en el mundo que no lo haya leído. De Jane Austen los he leído absolutamente todos, tengo una tía que se encargó de ello durante mi adolescencia, y debo decir que le estoy muy agradecida porque realmente son un disfrute para el cerebro.

2. Anna Karenina, Leo Tolstoi. Durante algunos años mi nick fue Arkadievna. Tanto me impactó este libro. Luego, más tarde, me sentí terriblemente identificada con Anna. Su sacrificio, su pérdida, todo por algo de lo que ni ella misma estaba segura y como sintió poco a poco que le iba saliendo rana. Su desesperación, su dolor, su grandísimo regalo tirado a la basura.

3. Jane Eyre, Charlotte Bronte. Otra vez mi tia. Un regalo de reyes, el que sin ninguna duda consideré regalo estrella de esas navidades. Una edición preciosa, en tapa dura, con un arbol pintado en la portada. Y la historia, con mi adorado señor Rochester y una puerta abierta a la sexidad de los hombre atormentados. Otro libro muy releido.

4. Tenemos que hablar de Kevin, Lionel Shriver. Este lo leí el año pasado. De tanto escuchar a Livia y a Bich hablar de él y tras leer la sinopsis, tenía que leerlo. Y me flipó. Pero flipadísima. El problema de este libro es que no consigo recomendarselo a nadie. Creo que soy demasiado morbosa porque siempre que le cuento la sinopsis a alguien me dicen que qué horror, que sufrimiento. En fin, yo lo disfruté de principio a fin. Kevin. No te podía sacar de la cabeza, Kevin.

5. Las correcciones, Jonathan Franzen. Un molilibro. Moli lo puso tan bien en su blog que lo conseguí y lo leí. Al principio me producía una sensación muy rara, como de estarme inmiscuyendo en la vida de alguien. Y es que este libro, tiene unos personajes tan bien construídos y que te hacen identificarte tanto con ellos aunque sean muy distintos de ti, que acabas sintiendo que estás mirando en un sitio donde no se debería mirar, un sitio tan íntimo que casi parece que les estás espiando. Por otro lado habla de situaciones de la vida con las que me siento plenamente identificada y eso hace que me mucho asco a mi misma. Aún así, me fascinó.

6. El pajaro espino, Colleen McCullough. Este libro es uno de mis mayores placeres culpables. Soy fan, fan, fan, fan de esta historia, me parece de las más románticas que puedan existir. Lloré, y aún lloro cada vez que lo cojo, de puro dramón que es. Pero dramón de esos de llorar con gusto, de ponerte un bol con helado y disfrutar de cada una de las lágrimas y de desear cada vez que lo lees que el padre Ralph tome decisiones diferentes, aunque sabes que son imposibles. Pobre, pobre Meggie.

7.  Mi familia y otros animales, Gerald Durrell. Este libro me recuerda tanto a mi misma. Lo disfruté tanto de principio a fin...ahora mismo, si pudiera elegir estar en algún lugar del mundo, elegiría irme con Gerald a Corfú a pasar una temporadita con él, entre animalitos. Un libro muy tierno y muy divertido.

8. Relatos de lo inesperado, Roald Dahl. Cuando me regalaron este libro, no esperaba para nada encontrar lo que encontré. Yo era más bien pequeña, y estaba acostumbrada a los libros infantiles de Roald Dahl. Y me encantaban. Y claro, me leí estos y no los entendía. Entendía las historias pero Roald tiene una manera de terminarlos que requiere cierta maldad para darte cuenta de lo que ha pasado. Así que entender este libro me llevó un tiempo y un proceso. Recuerdo un día que estaba a mi rollo y de repente se me hizo la primera luz sobre alguno de los relatos. Y tuve que releerlo porque de repente los demás relatos tomaron la forma de acertijos que tenía que descifrar. Muy recomendable.

9. Las ovejas de Glenkill, Leonie Swan. Me partí, sin más. Ovejas detective. Qué más se puede pedir?

10. Lolita, Vladimir Nabokov. Este libro lo leí el año pasado y me traumatizó bastante. Es muy descarado para la época y tan politicamente incorrecto. Es fascinante. Me fascinó, simplemente. Ese enfrentarse directamente con las propias emociones por perversas que sean. Ese recrearse en ellas. Es muy perturbador. "Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta."

Bueno, me han salido unos libros bastante típicos, pero que le vamos a hacer, si eliges 10 importantes pues te salen libros típicos. Llevo tiempo planteándome reseñar algún libro de vez en cuando en el blog. No es mala idea, aunque ya haya saturación de reseñas en la blogosfera. No sé, como siempre, me dejo fluir.

Feliz día del libro!

viernes, 12 de abril de 2013

Buenas noches

Ojalá estuvieras aquí, y me ayudaras a levantarme del sofá, que me tiene atrapada bajo esta manta. Sería como si nada, te irías a lavar los dientes sabiendo que voy a seguirte porque te seguiría al fin del mundo si hace falta, y más cuando no hace falta ir al fin del mundo, solo a tu cama, a nuestra cama. Me lavaría los dientes mucho menos perezosa de lo que voy a hacerlo ahora que no está la promesa de tu cuerpo caliente esperándome bajo las mantas. Me cepillaría el pelo, me haría un moño muy feo y te haría un pase de modelos de pijama desconjuntado, disfrutando de tu sonrisa y de nuestra alegría compartida. Prepararía mi vaso de agua, que solo preparo si duermo contigo porque las costumbres se pegan, encendería mi lamparilla de noche, me sentiría al borde de la cama para colocarlo todo de manera que no pueda tirarlo durante la noche y con algo de suerte disfrutaría en ese momento de una caricia en mi espalda. Por fin decidiría que he saboreado el momento lo suficiente y me metería en la cama, a tu lado, bajo tu consuelo, sobre tu brazo. Levantaría tu camiseta, metería mis manos debajo, te quejarías, me reiría. Y hablaríamos de cosas, pondría voz de tontita, me aprovecharía. Y tú me dejarías porque aprovecharnos el uno del otro es nuestro único deber.

martes, 12 de marzo de 2013

En la mirada de los demás

"Todos somos extraños para nosotros mismos, y si tenemos alguna sensación de quiénes somos, es sólo porque vivimos dentro de la mirada de los demás." Diario de invierno, Paul Auster.


Llevo mucho tiempo queriendo escribir este post y no lo he hecho porque sé que no me va a salir. Pero en fin, voy a intentarlo. Ya he escrito otras veces que durante muchos años pensé que era fea. No solo eso. Pensaba que no era femenina, que no tenía clase, que era antipatica y que estaba gorda. Normalmente lo achaco a que era una adolescente estúpida, pero no creo que fuera solo eso. Creo que en cierta manera era de verdad todas esas cosas porque yo creía que era así. Lo que uno cree siempre es su verdad y una verdad es una verdad aunque sea una verdad inventada. Cuando miro hacia atrás, muchas veces sé que pensaba que no era femenina porque mi madre no paraba de decirme que no lo era. Y como no lo era, dejé de serlo. No es que no me esforzara en ser femenina, es que me esforzaba en no serlo. Al fin y al cabo, esa era yo,¿no? Y cuando te crees que eres así, lo acabas siendo. También me decía que estaba gorda. Desde que tengo uso de razón mi madre no paraba de decirme lo preciosisima que era y que iba a ser modelo. No me entendais mal, ni mi madre es una ogra ni mala ni nada de eso. Simplemente decía cosas sin pensarlas mucho. Sin pensar que eso pudiera realmente dañar la autoestima de la fuerte, lista y resuelta Pe. La cuestión es que yo siempre pensé que iba a ser modelo. Absurdo, si. Pero me lo decían todo el rato! No es que yo quisiera ser modelo, yo quería ser veterinaria, o bióloga, o algo que me permitiera estar con animales continuamente que es la verdadera vocación que me llama desde que tengo la capacidad de pensar. Pero la cuestión es que yo pensaba que mi cuerpo era un cuerpo de modelo. Hablamos de la Pe de 10, 12 años. Claro que tenía cuerpo de modelo, era una niña alta y flaca. Pero lógicamente dejé de serlo, llegué a la pubertad, y no engordé, simplemente crecí. Pues desde entonces mi madre no paraba de decirme que estaba gorda, de una manera u otra. Realmente son sus propias inseguridades, es ella la que piensa que está gorda, la que tenía tipazo cuando era joven y se quedó ahí anclada. No es que me lo dijera todos los días, pero si lo suficiente como para que yo recuerde claramente que en aquella época me sentía una vaca marina y tener ese recuerdo asociado a ella. Ahora sé que no lo estaba, al revés. Pesaba 60 kg y medía 1,70, llevaba una 38 de pantalón. No estaba gorda ni de lejos! Veo fotos y digo "pero si era flaca". Y todo el tiempo que perdí, qué? Todos esos años que pude disfrutar sabiendo lo guapa que era, como lo hago ahora cuando me siento mona y no estoy ni de lejos igual de estupenda. En fin.

Cuando estoy con P, que es una persona ajena a mi entorno completamente, noto con más fuerza que nunca que no somos lo que los demás nos dicen que somos, somos lo que queremos ser. Con él soy Pe la dulce, la cursi, la cariñosa, la ordenada, la divertidad, incluso la extrovertida. La misma Pe que soy aquí o en twitter, la Pe que yo he inventado. La que me gusta ser y quiero ser. Incluso mis arrebatos de histeria que llevo viendole a mi padre desde diminuta, el gritar y tirar las cosas e insultar, se ven reducidos al mínimo porque es que descubro que no son incontrolables como yo pensaba. Dejan de existir cuando yo dejo de querer que existan.

Los roles que adoptamos en nuestro entorno, son solo eso, roles. Por qué limitarse? Sin duda es probablemente la mayor revelación que he tenido en la vida y la única enseñanza que creo que podría transmitir a nadie. Rebélate. No eres lo que dicen que eres si no quieres serlo. Sé lo que quieres ser.

He aprendido incluso a relacionarme con desconocidos, que es algo que no sabía hacer. Porque era muy antisocial, eso pensaba. Voy a las quedadas twiteras y hablo. Y los que vais conmigo pensaréis que soy muy callada cuando yo os estoy diciendo aquí que me siento muy extrovertida. Es que estoy aprendiendo a serlo. Y si tengo un defecto, que tengo muchos, pues me lo perdono cuando sale a relucir e intento corregirlo la próxima vez. Pero sin presiones. Porque estoy construyendo algo muy importante y quiero disfrutar del proceso. De construirme a mi misma.

Lo que soy o no soy, lo que fui, lo que no fui o lo que seré o no seré.  Lo que yo quiera.

Intentadlo.

viernes, 8 de marzo de 2013

El día de la guagua

Ayer leí este post del hematocrítico y me descojoné. Inmediatamente vino a mi mente una anecdota que suelo contar mucho sobre uno de los momentos de más verguenza de mi vida.

Recuerdo que mi hermano tenía seis años recién cumplidos así que yo debía de tener unos trece. Por aquella época yo ya empezaba a salir por las tardes con mis amigas a ver tiendas, merendar, perseguir chicos como si estuvieramos poseídas y ese tipo de cosas. Y a mi madre le parecía que una manera estupenda de que desarrollara mi sentido de la responsabilidad a la par que ella se libraba del suyo, era que me llevara a mi hermano pequeño conmigo. Todos sabéis que ahora adoro a mi hermano sobre todas las cosas pero en aquella época estaba hasta las narices de él. Con su corset para la escoliosis llamando la atención sobre nosotros (estaba pavísima), su cursilidad, su manera de meterse en las conversaciones con mis amigas, y para qué engañarnos, la verguenza que me daba tener que acoplarlo con nosotras. Ese día en concreto teníamos que coger la guagua, y no sé que clase de flus me dió, que pensé que sería una cosa maravillosa si pudiera usar el dinero del viaje de mi hermano para comprarme algo, digamos de bisutería bien barata. O a lo mejor era simplemente el placer de hacer algo fueriiiiisiiiima de la ley. El tema es que los niños menores de cinco años no pagaban en la guagua, y mi hermano acababa de cumplir seis.

- Po, mira, vamos a hacer una cosa.
- ¿Qué cosa?
- Como un juego. Cuando llegue la guagua, voy a decirle al chofer que tienes cinco años en lugar de seis.
- ¿Por qué?
- Porque así entrarás gratis. ¿Vale? Tienes que seguirme el juego y decir que si, que tienes cinco años.
- Pero tengo seis.
- Ya, pero vamos a mentir.
- ¿Por qué? 
- Para que entres gratis.
- Vale.
- Entonces, si el chófer te pregunta cuantos años tienes, qué vas a decir?
- Que tengo cinco.
- Bien.
- ¿Cuántos años tienes?
- Seis.
- NO!!! TIENES CINCO, CINCO!!
- Eso, cinco.

Así nos pegamos un buen rato hasta que llegó la guagua, yo venga a hacerle preguntas por sorpresa, asegurandome de que LO HABÍA ENTENDIDO. Y parecía que si, siempre me contestaba que cinco. Orgullosísima estaba de la fechoría que pretendíamos (pretendía) perpetrar.

Llega la guagua, nos subimos, pago mi viaje, y le digo que el niño tiene cinco años y por lo tanto puede entrar sin pagar. Bien, adivinad qué pasó.

- El niño tiene cinco años.
- Nooooooo, si ya tengo seis!!!!!!

Mi cara, un poema. La de mi hermano, otro poema. Y para arreglarlo, dice:

- Ah, no, que tenía que decir cinco!!!!

Pero lo mejor de todo, lo que hace la historia memorable, fue el chófer, que con una voz como de hermano mayor, me dice:

- Mi niña, si no tienes dinero yo te llevo gratis, pero no hace falta que me mientas...

ZAS!

Desde ese día soy bastante honrada. Y no me fío de ningún niño, por adoctrinado que esté.

jueves, 21 de febrero de 2013

Drama nocturno

Anoche me pasó una cosa que...en fin, preferiría olvidar.
Bueno, en realidad no fue anoche, eran casi  las 7 de la mañana pero como estaba durmiendo, pues fue anoche.
Y, como digo, lo quiero olvidar.
Pero hay una parte de mí que disfruta muchísimo con el autoescarnio público y con contar las cosas ridiculas, vergonzosas y patéticas que de vez en cuando me pasan. Y además tengo que escribir algo o mi pobre blog va a morirse de pena.

Me he meado en la cama. Con 27 años.

Resulta que a lo tonto ya llevo un mes en la ciudad de P. Me vine sin billete de vuelta porque no sabía cuando me reclamarían de la universidad, y quería aprovechar al máximo. Así que el viaje de un par de semanitas se ha convertido a lo tontito en un mes, y seguimos contando. En fin, resulta que tengo unas ladyparts de princesa del guisante, y los preservativos, no le molan. Solemos usar el anillo, pero como no sabía cuando me iba, cuando se cumplió el tiempo del primer anillo, en lugar de ponerme otro, decidí que no valía la pena comprarme otro si de repente tenía que irme con él recién puesto.  En fin, los preservativos y su poca lubricación (joder, como los odio) me han provocado una pequeña cistitis. A veces me pasa. Y me duele un poquitito. Pero tengo el umbral del dolor de un conejito y en cuanto me duele algo minimamente me pongo muy dramática, con carita de pena y mucho sufrimiento y mucha inutilidad. Soy así, mariquita total. Pero como soy previsora, siempre viajo con un botiquin importante, entre los que se incluyen mis pastillitas de arándanos, que son muy buenas para la cistitis. Estas pastillas son más bien preventivas, pero también hacen su efecto después. La cuestión es que ayer, a lo tontito, me mandé como el doble de la dosis recomendada, sin hacer ni puto caso a la recomendación de "no aumentar la dosis", basicamente porque no lo leí y pensé que como eran de arándanos no iba a pasar nada. EJEM.

Pues vamos al tema. Soy súper especialita con el pis. Siempre hago pis antes de dormir, y siempre me levanto de noche a hacer. Miles de veces he soñado que estaba buscando un baño desesperadamente y no había manera de mear en el sueño, por suerte, porque siempre me despierto de esos sueños meandome. Pero no, anoche fue a traición. Ni ganas de hacer pis, ni sueños raros, ni nada de nada. Solo una repentina humedad pélvica. Y un despertar inmediato, de ojos tamaño plato sopero.

"Uy, que susto, estaba soñando que me hacía pis en la cama, pero eso es imposible".

Imposible una polla como una olla. Cuando me toqué descubrí que no había sido un sueño, era la puritita realidad. Me había meado en la cama CON MI NOVIO AL LADO, después de unos 20 años sin hacerlo. Me quise morir. Me levanté cual resorte para mojar la cama lo menos posible y corri al baño a limpiarme y cambiarme, suplicando porque a P no le diera por invadir mi sitio. Corrí de nuevo a la cama y me acosté sobre, lo que por suerte era una humedad muy pequeña pero perceptible si te acuestas encima. Súper agradable, oye. Dormir sobre mojado es amor. Pero que quereis antes me tiro por la ventana que despertar a P: "Oye, que me he meado, vamos a cambiar las sabanas y a secar el pis".  De verdad, que horror más chungo. Nunca he tenido los ojos más abiertos en toda mi vida. Y mi novio, pobrecico él, acariciandome la piernita...y yo pensando "que no esté mojado, que no esté mojado, que no esté mojado". Sabéis lo más gracioso? Que 5 minutos después le sonó el despertador para irse a currar. Y yo digo: "Pero vejiga traidora de mierda no podías esperar 10 minutos para hacerme esta putada?". Nunca he deseado con esas fuerzas que se fuera a trabajar. Cuando oí la puerta me levanté corriendo a cambiar las sabanas y demás. Y nunca lo sabrá. O al menos hasta dentro de unos días, porque al final siempre acabo contando estas cosas.

Así que, moraleja de la historia: NO JUGUÉIS CON LAS PASTILLITAS DE ARÁNDANOS, AUNQUE SEAN DE FRUTITAS.

Uf, que mal rato.

Hala, a reiros.

viernes, 4 de enero de 2013

How do I look?

Hoy voy a escribir algo rollo Carrie Bradshow, muy manido, muy facilón y tirando a la ridiculez y que si leyera en otro blog pensaría "ya está la tia esta intentando conseguir comentarios fáciles y se piensa que no nos damos cuenta". Pero lo voy a hacer igualmente porque tengo esto muertito muertito y mi máxima acerca de los blogs es "escribe aunque sea una gilipollez porque se hace bola y luego no hay manera de reflotarlo".

En fin, la cuestión es que estaba aquí haciendo tiempo para ponerme con el roscón de reyes y mientras me tomaba el café estaba viendo un programa de divinity de estos de cambio de look. El programa en cuestión se llama "How do I look?" y una pobre desgraciada (supongo que desgraciados también, o eso espero) se someten a la opinión (supuestamente bienintencionada) de sus amigos y familiares que le dicen que está horrorosa y que haga el favor de ponerse otra cosa que no les averguence para ir por la calle. Mi primera impresión es que los americanos son terribles eligiendo ropa. Tienen un concepto del estilo que me da ganas de sacarme los ojos y comermelos. Rollo Norma Duval. Aunque tenga 30 años la moza culpable del horror estilistico.

Esto estaba yo rumiando cuando ha salido una chica a la que no le gustaba nada de lo que le enseñaban. Ella iba horrorosa con un maquillaje escandaloso y una sudadera encima de un vestido, parecía que iba a comprar el pan un momento. Pero lo que realmente me ha flipado es que cuando la presentadora (hasta el pene de que ella dijera que no le molaba nada con cara de oler a pedo)  le ha preguntado por qué iba al programa si consideraba que no necesitaba ayuda, ella le ha contestado que es que su novio le había puesto un ultimatum.

Lo que oís. El noviete, un tipo trajeado, consideraba que ella tenía mucho más potencial que el de una sudadera sobre vestido con sombra de ojos azul eléctrico sin difuminar ni nada, de las pestañas a las cejas. Y la presentadora ni se ha inmutado. Ha comprendido perfectamente la situación y el programa se ha convertido en un "te ayudaremos a que te quiera de nuevo". Al principio mi yo feminista se ha escandalizado, claro. Pero luego me he puesto a pensar.

Pensando.
Pensando.
Pensando.

Yo misma le digo a P que no se ponga zapatos de vestir con camiseta. Es un poco lo mismo, no? Bueno, ya sé que no es un ultimatum, pero...si fuera siempre en chandal y se empeñara en no cortarse las uñas, seguramente yo misma me arrancaría los pelos, porque en el fondo soy una superficial. Por ejemplo, conozco a una chica, casada y con hijos, que lleva normalmente bigote, barba y entrecejo. Pero en cantidades industriales. Que si, que sobre el papel queda muy bonito decir que el amor lo puede todo, pero yo me imagino a ese marido metiendose en la cama con ella y no me creo que no ansíe aunque sea un poquito besar unos labios lampiños aunque sea una vez. A lo mejor, si, claro, y me parecería lo más maravilloso del mundo, pero es que me lo creo muy poco. No soy exigente con el físico en el sentido de que me parece que la mayoría de la gente tiene un atractivo aceptable, pero si que soy exigente en el vestir, en el aseo personal, en general en el aspecto que uno debe dar. No me gustan las exigencias, eso lo tengo claro, si me pusieran un ultimatum por algo que yo considero que es perfectamente aceptable montaría un pollo, pero, no tiene cierto derecho tu pareja a decidir sobre ese tipo de cosas aunque sea un poquito? Está feo querer decidir sobre el aspecto de tu pareja pero tampoco nos parece aceptable ir por ahí de la mano de un gañán o gañana, no? A todos nos gusta gustar y que el objeto de nuestro amor quiera gustarnos.

Así que la pregunta es: considerais el aspecto físico como motivo aceptable de ruptura? Está bien mandar a la mierda a alguien por (por ejemplo), haber cogido 20 kilos y haberse descuidado pero no está bien pedirle que adelgace y se ponga un poco mono?