miércoles, 30 de septiembre de 2009

Los renglones torcidos de Dios I

Aviso: Politicamente incorrecto, puede herir algunas sensibilidades, ninguna persona discapacitada o simplemente rara ha sido maltratada al escribir este post. Soy muy respetuosa con este tipo de personas, simplemente es con afán de compartir los surrealismos de mi vida.

Cómo el otro día comentaba en este post, tengo un superpoder especial. A partir de ahora lo llamaré "el resplandior" (lo ví ayer en los simpson y me moló, oye).

Poco a poco estoy matizando mi teoría (quiero convertirla en ley, "la ley de Pétalo", yo he nacido para ser importante), y por ahora todo parece apuntar a que los acontecimientos tristes potencian el resplandior. Tiene su lógica, los genios siempre eran gente torturada.

Quizás acabe trabajando para una nueva versión mejorada de "quién sabe dónde?", en la que me mantengan a base de pan y agua y un catre en el suelo (que tiposa me pondré), y cuando tengan que encontrar a gente que necesite medicación, me sueltan en la calle, y lo atraparé cual imán humano. Interesante.

En fin, que evidentemente tengo un nuevo amigo chungo que presentaros. Os cuento mi intrépida aventura de ayer por la mañana. Situaos, guagua, 8.30 de la madrugada, yo con mis cascos puestos escuchando mi musiquita, y veo como se sube un hombre (aparentemente normal) y se pone a elegir asiento alrededor mía, mirando codiciosamente el asiento de mi lado, en el que estaba mi bolso. De repente me mira y dice:

- AGHHHHHH QUE ASCOOO, AGHHH, QUE ASCO, QUE ASCO, QUE ASCOOO!!

Me quito el casco y le digo: que?

- Alguien escupió ahí o algo (señalando el fondo de la guagua).
- Ah, que asco.
- Si si, AGHHH, QUE ASCO, QUE ASCO!!!, Ven, ven para que lo veas.
- No gracias (y una mierda voy a ningún sitio yo contigo).
- AGHHH, mira, me acabas de decir que no quieres ir a verlo y me ha dado más asco aún. Con lo finolis que soy yo. Tú misma lo puedes ver, yo soy un hombre pulcro, una persona limpia, bien vestida, puag que asco de gente.
- Ah.
- Yo me llamo Iván (tendiendo la mano hacia atrás, porque a todas estas por fin se había sentado delante de mí, al ver que yo no pensaba quitar mi bolso).
- Ah, hola (cogiendo su mano con dos dedos y haciendo movimiento de saludo).

Estoy perdida, pensé, ahora no me lo voy a quitar de encima ni a patadas.

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