lunes, 5 de octubre de 2009

El jardinero fiel.


Hoy, cuando llegué a casa después de mi trepidante finde, tuve otro encuentro con mi resplandior.
Después de caminar desde la parada de la guagua hasta mi casa cargando con un bolso que pesaba por lo menos lo que un dinosaurio (de los grandes), llego al portal, saco mi llave y me despido de Z.

- Ba-bay, darling.
- Ba-bay.
Mientras abría la puerta, veo que en el rellano del portal, está mi vecino de enfrente, haciendo algo en las macetas que hay allí colocadas.


Hagamos un inciso. Don Luís es mi vecino de enfrente. Tiene alzheimer. Hace años, era el típico hombre alto y serio, con pinta de aquí mando yo, con diez hijos (cuatro pares de gemelos y dos individuales) y bastante agradable. Daba gusto verlo con su mujer coneja y su casa petada de hijos, nietos, bisnietos y demás fauna. Pero hará unos 5 años empezó con el alzheimer y con muchos problemas de salud, y, digamos que ahora se ha convertido en el reflejo de lo que era. Te mira desconfiado abriendo una rendija la puerta de su casa cuando oye el ascensor, y su gran pasatiempo es plantar y desplantar cada dos días las macetas de nuestro rellano (yo creo que lo hace para despistarme y reirse, porque cada vez que llego a mi planta y veo una planta nueva me pego un rato comprobando que efectivamente es mi casa y no me he equivocado).


Así que al oir la puerta del portal, se dió la vuelta y vi que tenía las manos llenas de plantas que había arrancado de las macetas (que ni siquiera eran las de nuestra planta, que hay más confianza) y que además, estaba en pijama.

Se habrá escapado?
Pensé.

Me enternecí cuando vi que vino con sus manitas llenas de plantas a ayudarme con la puerta, y lo miré con carita de "no pienso que estés chiflado, eres un viejito roba plantas encantador y bastante guapo". Pero en cuanto me abrió la puerta, me empujó a un lado y salió corriendo a la calle, con su pijama, las plantas y las zapatillas de estar por casa. Me quedé mirandolo y pensando si debía ir a casa de mis vecinos y preguntarle si habían perdido un viejo. Y si le habían dado permiso para replantar? Que dilema. Cogí el ascensor, cavilando, mientras decidía que primero que nada tenía que dejar el bolso dinosaurio y hacer pis. Llegué a mi planta y estaba su cuidadora mirandome con cara de " no habrás visto un viejo con pijama en algun sitio no?". Y le dije: Acabo de ver a Don Luís en la calle...

- Menos mal! Este hombre nos entierra a todos!!!

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