jueves, 3 de diciembre de 2009

La rebelión de las máquinas.

El otro día tuve un momento así como chungo. Un momento en los que no sabes cómo ni cuándo llegaste ahí, y por qué le estás gritando sin tino a un aparato inanimado. Seguro que a todos os ha pasado.
Eso espero, porque si no debo estar quedando como una energúmena de las chachis.

En fin, empecemos por el principio de los tiempos:


Las Palmas, 1985. Los dinosaurios poblaban la Tierra, sin embargo, en Canarias no habían, porque aquí las cosas en esa época no llegaban, no se habían inventado los aviones. Iba todo el mundo en taparrabos y subían a los cocoteros a coger provisiones. A veces lo alternaban con piña tropical salvaje que crecía en la arena de la playa. Mi madre, preñada como una foca (de mí) notó por la luna llena y por la subida de la marea, que se acercaba el gran momento. La humanidad ni siquiera sospechaba lo que se les avecinaba. Mi madre dejó a mi padre en la cueva y se fue al mater..digo, a la cueva paritoria, y allí entre gritos y dolores, nací yo. Tenía el pelo rizado y no me daba para hacerme dos coletas, cosa que descubrió con gran estupefacción mi tía de 8 años, que esperaba que saliera de la cueva paritoria de mano y a lo mejor hasta me sabía el milikituli (sí, he dicho bien, 8 años, no 2 ni 3, 8. Lo sé.).



Pero adelantémonos un poco...

En fin, pasaron unos...18 años (jiji), hasta que llegó "el otro día".

Quien se inventó esa expresión? Por qué es tan poco específica y aún así se usa tanto? Y por qué todo el mundo sabe que te refieres al pasado? Otro día podría ser perfectamente en el futuro, no?
Pues el otro día, en un alarde de responsabilidad educativa, estaba yo aquí haciendo mis cosas habituales (o sea, tocármelos mucho) y pensé:
"Jo, en realidad podría ir imprimiendo los apuntes de farmacología, que aún queda tiempo para el examen, y así voy estudiando ya"-
Todo esto poniendo cara de cándida y sintiéndome súper orgullosa de mi misma. Hasta el pelo se me puso rubio y liso, lo juro.

Así que pasé los apuntes a un pendrive y me fui al ordenador de mi papi (en ese momento era mi papi, porque si supiera lo que estaba haciendo me querría montón y yo sería su niñita) a imprimirlos. Enciendo la impresora, y lo mando a imprimir.

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Como 4 minutos más tarde (yo aún con mi sonrisa y la firme ilusión de salir de allí con mis apuntes limpitos y preciosos) y después de haber hecho como 250000 ruidos diferentes, sale un cartelito en pantalla. No hay tinta. Se me pone cara de circunstancias, pero, cosas de la vida, no me sorprendí en absoluto. Miré así por encima la estantería y encontré un cartucho nuevo. Me leí las instrucciones porque nunca me acuerdo de como se hace y lo cambié.

Jo, además de responsable, soy muy lista y mañosa. Que mona soy, como me quiero.
Imprimir plis. Imprimir. Imprimir. Guapa, puedes imprimir? Se pone a imprimir (Jo, es verdad que si tratas a las cosas con cariño funcionan mejor). Empieza por el final. Cuando había imprimido unos diez folios, empieza a hacer un ruidito raro, como de querer vomitar.

Aghhh, aghhhh. Mmm...qué te pasa guapa?

Impresora: Aghhh, prrrrriii, puj puj. Prchhttttt.
Pétalo: Mmm, intento entenderte pero si hablaras más claro todo iría mejor.
Impresora: Prrrrrr....
Pétalo: Por qué me sacas el folio todo emborronado, no puedes escribirme lo que quieres?

Se vuelve loca y empieza a tirar todos los folios a toda pastilla y TODOS con alguna palabra escrita. Toma ya. Pétalo, que no cunda el pánico, no eches por Tierra lo que hasta ahora era un bucólico momento de responsabilidad.
Árboles muertos. Árboles muertos por todo el despacho. Recogí los folios, notando como la vena del cuello empezaba a hincharse y el pelo se me volvía negro de nuevo. Los volví a colocar en la bandeja de la impresora, anulé el archivo que se suponía que estaba imprimiendo, y después de apagar y encender la impresora lo mandé de nuevo. Imprime dos hojas más, y entonces empezó el verdadero calvario. Empezó a morder los papeles y a destrozarlos.

Pétalo: Pero qué haces????? Por qué te comportas así?? No te tratamos bien acaso en esta casa?

Ella me miraba callada mientras seguía destrozando mis apuntes.

Pétalo: Para!!! He dicho que pares!!

No me hizo caso.

Pétalo: Me quieres hacer el favor de pararte Z*RR* DE MI*RD*???

La vi sonreír, había conseguido lo que quería, sacar mi verdadero yo.

Pétalo: G**rra!!! Devuélveme mis papeles, devuélvemelos!!!

La desenchufé con odio y con lágrimas en los ojos. Creo que lo último que le grité fue:

Pétalo: Toma!!!!! Jód*t* asquerosa, ahora te desenchufo!!!! MUAJAJAAJJAAJA.

En ese momento llegó mi hermano pequeño y me encontró con la cara desencajada, los pelos desgreñados (negros) y un montón de trozos de papel en las manos.

Hermano: Qué coño te pasa? Por qué se oyen gritos desde el portal?

Pétalo (lloriqueando ridículamente): Es que, es que, yo quería imprimir los apuntes de farma, snif, y quería estudiar ya, y, y, la P*T* Z*RR* ESTA (ostia con la mano a la impresora, aguantando estoicamente el dolor), se pone a romperme los papeles!!! ODIO ESTA CASAAAAA (momento razia tenebrosa). Luego dicen que por qué no acabo la carrera, no la acabo por la P*T* IMPRESORA ESTAAAAAA!!!(Momento "se me fue el baifo"). Seguro que es culpa de el imb*c*l de tu padre!! (ya no era mi papi, ni siquiera llevaba su genética)

Hermano: Tú te estás oyendo? Estás loca? A ver, yo te lo imprimo, histérica.

Pétalo: Inténtalo para que veas!!!

Los imprimió sin ningún problema. Como se nota que es hembra la víbora maldita. Cuando paso por delante de ella me mira sonriente, provocándome. Está buscando un impresoricidio.

Lo siento por las palabrotas, me salen así cuando me pongo chunga.


3 comentarios:

  1. Joder qué miedo. Eso a mí me ha pasado alguna vez, pero tanto como para ponerme a soltar cagarros por toda la casa...

    Tu hermano debió flipar :D

    P.D. ¿Farmacología de la conducta? ¿Psicología?

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  2. Yo es que así libero mi frustración. Luego me quedo más feliz que una perdiz. Psicología yo? Veterinaria me pega mas!

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  3. Pero qué arte tienes, tía!!
    Gracias por hacerme reir, Victoria.

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