jueves, 18 de marzo de 2010

Mascotadelamor


Advertencia: post altamente edulcorado.

Mucha gente se ríe cuando me oye decir que Mascotadelamor es el amor de mi vida. Yo también me río. Me río como si fuera una broma excéntrica pero la verdad es que esa declaración tiene más de verdad de lo que casi nadie se imagina. Realmente es el amor de mi vida. Pocas veces puedo sentirme tan incondicionalmente aceptada que cuando él me obsequia con su presencia peluda, tumbándose, totalmente vulnerable y expuesto, a mi lado.

Yo no siempre quise ser veterinaria, cuando pequeñita me conformaba con ser ayudante de mago, pediatra o astronauta. Era, como véis, súper poco dispersa. Pero lo que siempre tuve muy muy claro fue mi amor por los animales. Incluso cuando era una renacuaja con miedo a los perros, y mi primo y sus amigorros me echaban al bobo de Morú (que era un perro super viejo y súper simplón que no hacía nada, pero ellos le decían: cométela Morú!! y yo salía corriendo llorando a refugiarme debajo de alguna mesa), yo seguía mirándolos con ojitos ansiosos, y pidiendo todos los años para reyes un perro. A veces, para disimular, pedía también un caballo, a ver si mis padres elegían el mal menor y me regalaban el perro. Aún hoy en día, en mi lista de reyes, las dos primeras cosas que pido son el perro y el caballo. Los animales siempre han sido mi pasión. Me pegaba todos los documentales, coleccionaba fotografías, absorbía toda la información posible sobre ellos, desde el ornitorrinco hasta el elefante. Era un poco pedantilla (sabes que el guepardo es el mamífero más rápido del mundo? alcanza los 75 km/h!!!) Una visita al zoo era el mejor regalo que podías hacerme.

Cuando entré en la carrera, sentí que era la única persona del mundo sin una mascota. Cómo podía ser veterinaria si no sabía lo que era tener un animal? Mi experiencia pasaba por un hamster con poca suerte y un par de tortugas que no interactuaban una mierda. Entre que a mi madre no le gustan los animales y que vivimos en un piso, nunca me habían dejado tener nada.

Un par de años más tarde, mis padres decidieron pasar un año en EEUU, viviendo del cuento. A mi me dejarían aquí, para que no tuviera que abandonar la carrera un año, y porque yo ni de coña me iría porque vivía en el planeta del amor (by Moli). Y yo ví mi oportunidad. Metería algún bicho en casa. Si luego se tenía que ir, me aguantaría, pero al menos sabría lo que es tener mascota durante un año. Mi madre me vió las intenciones (las madres lo saben todo) y antes de irse dijo:
-No sé te ocurra meterme animales en casa.
-Claro que no, mami.

No había pasado ni una semana de su marcha y Mascotadelamor ya estaba en casa. Tenía claro que animal quería que fuera, no podía ser un perro ni un gato, porque podrían estropear cosas, y se tendrían que ir seguro a la vuelta de mi familia. Me decanté por un conejo. Fuímos a una tienda, donde habían un montón de gazapitos en una vitrina. Eran todos preciosos!! Cuál elegir?
Entonces vi a uno tiradito junto al cristal, marrón, con un morrito blanco precioso y los ojitos azules, descansando tranquilo, como si aquello no fuera con él.

- Quiero ese.

Ahora lo pienso y no recuerdo habérmelo pensado casi nada. Habían muchos, de todos los colores, pero no los recuerdo. Me gusta decir que nos vimos y nos elegimos mutuamente.

De eso hace casi 5 años. No puedo creer que haya pasado tanto tiempo. Y a la vez no puedo creer que no haya estado toda mi vida conmigo. Es solo un conejo!! Claro que sí! Es solo un conejo!! Y en eso radica todo mi amor. En que un conejo, un animal con un cerebro no mucho mayor del de un chupachup, sea capaz de dar tantísimo. Es un animal de presa, sus instintos le dicen que huya, que no confíe en mí, pero sin embargo me adora. Salta y mueve la cabezota peluda de león en cuanto me ve, pasa largas horas tumbado junto a mí mientras yo leo, me da besos eternamente. Ese animal me quiere. Y sé, que el amor de ese animal, durará mientras dure su vida. Todo el mundo puede decir lo mismo? Por eso es el amor de mi vida. Porque yo le tengo preso y aún así el nunca se iría.

Ojalá pudiera quitarme años de vida para dártelos a tí, B.


Hala, ahora haced todos chistes sobre el conejo de Pétalo.

5 comentarios:

  1. Amor mascotil...muy poco apreciado y el mejor de todos!!viva el edulcorante!!jajajaja

    ResponderEliminar
  2. "Y sé que el amor de ese animal durará mientras dure su vida. (...) Porque yo le tengo preso y aún así el nunca se iría."

    Eso no es amor animal... ¡Es síndrome de Estocolmo! XDD

    Muy emotiva la frase final :o (la de quitarse años, no la del conejo de Pétalo XD).

    Un saludo ;)

    ResponderEliminar
  3. La primera parte de tu historia me suena. De pequeño tuve unos hámsters, que curiosamente escaparon mientras estaba en clase y fueron adoptados por los hijos de unos vecinos, según mi madre. Luego tuve un periquito, que escapó de su jaula estando yo en clase. Según mi madre, claro. Con la gata ni disimuló: la primera vez que el bicho le subió por la pernera del pantalón le buscó "una granja donde vivir".

    Conclusión: nunca he experimentado ese amor puro y simple de los animales. Me das mucha envidia con tu conejo, Pétalo.

    ResponderEliminar
  4. Pues si Cris, el más simple de todos!!

    Peibol, ha sido a la primera? :O!! Sí, ahora que lo pienso es un poco sindrome de estocolmo,jajaja,pero me da igual, debe ser que soy una buena secuestradora.

    Zorro, lo de tu madre es peor, te los dejaba tener y luego los desaparecía,jajaja. La mía directamente no me los dejaba tener. La historia de los hamsters es muy muy buena, XD, que vendidos los tíos.

    ResponderEliminar
  5. Acabo de descubrir tu blog pero con esta entrada ya te has ganado mi corazón.

    Hasta que me convertí en madre, mi difunto perro era el primero de la lista de amores de mi vida.

    ResponderEliminar