lunes, 29 de marzo de 2010

Potxo



Hace unos días fue el cumple de mi Potxo. Para quien aún no lo sepa, Potxo es mi hermano pequeño.
Pues bien, mi hermanito pequeño, el enano, el diminuto que se ponía una toalla en la cabeza y cantaba Pocahontas, ha cumplido dieciocho añitos.

Ya pueden meter a mi niño en la cárcel. Ya tiene edad para votar. Cosa por la que muestra una extraña ilusión. Con la pereza que dan esos domingos por favor. Que dan ganas de cortarse uno las venas.
En fin, Potxo ha sido desde pequeñito un niño muy especial. A él le gustaban las muñecas, jugar a limpiar, Pocahontas era su mayor aspiración en la vida, no sé todo muy raro. Claro que a mí me gustaba jugar al futbol y a los X-Men, me da que tenemos una genética un poco rara.

Como yo siempre quise un perro, y mis padres decidieron que mejor un hermano, Potxo hacía las veces de perro. Se ponía a gatas y me seguía por la casa. Yo le llamaba Tobi y le acariciaba la cabecita. A veces hasta le lanzaba cosas para que me las trajera, y me enfadaba si no me las traía con la boca. Era dificil que nos divirtiéramos jugando juntos, porque nos llevabamos 6 años y la verdad es que teníamos intereses diferentes. Por ejemplo, a veces jugábamos a los legos, yo me montaba unas supermansiones, y me divertía haciendo eso, pero cuando ya estaba terminada, mi diversión también acababa ahí, y entonces era cuando él quería meter a Pocahontas dentro de la casa para jugar a las casitas.
Era un niño demasiado bonito. Cuando tenía dos o tres añitos, se ponía delante de la nevera, y solo le veías los ojitos negros, de lo blanquito que era. Además era un mimoso incurable, solo quería besos y abrazos, con lo que tenía a todo el mundo enamorado. Cuando pasabamos el verano en el sur, pasaba las tardes de apartamento en apartamento, los vecinos se lo rifaban para cuidarlo.
Cuando tenía cuatro años, le descubrieron un problema en los pies. Hubo que ponerle botas ortopédicas.
Cuando tenía seis, le descubrieron escoliosis, una escoliosis bestial. Y tuvieron que ponerle un corsé. Al principio solo era en el torso, y tenía que dormir con una especie de maquina de tortura que consistía en un casco enganchado a una polea con una pesa. Dí que sí, la medicina es la hostia.Mas adelante hubo que ponerle la otra parte del corsé, unos hierros que salían del corsé en si mismo para sujetarle la cabeza derecha. Le hacía parecer robocop (y los demás niños no dudaban en recordarselo).
Por suerte esa época quedó atrás, y casi ni la recordamos. Cuando empezó a crecer y yo superé mis celos y mis gilipolleces, descubrí en el un amigo sin límites. Descubrí una persona inteligente y con un gran corazón. A veces engaña, porque es alto y tiene barba, pero yo sé que es un niño en un cuerpo de hombre. Y puedo decir sin miedo a echarme atrás, que puede disponer de uno de mis riñones cuando lo necesite. Mi Potxi ya es mayor. Yo quiero que sea pequeñito por siempre.

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