jueves, 29 de noviembre de 2012

Paco Martínez Soria

Mi novio es de pueblo. De un pueblo realmente diminuto. Ser de pueblo obviamente no tiene nada de malo, pero me da pie a un montón de chistes. Y es que es muy gracioso, porque yo siempre he estado acostumbrada a los pueblos de aquí. Mi isla es bastante más grande de lo que la mayoría creeis, pero no deja de ser una isla, así que la gente de los pueblos normalmente en una hora más o menos suele estar en la ciudad, y disfrutar de todas los beneficios que una ciudad grande puede proveer. Pero claro, resulta que los pueblos en la peninsula no son así. Al menos no todos. Los hay grandes, los hay en la periferia de las ciudades, y los hay diminutos, a tomar por culo y sin restaurantes chinos.

Y claro, para mí es todo un mundo nuevo, porque los canarios estamos hasta las pelotas de que nos pregunten chorradas, como "no te dan miedo todos esos volcanes?", "pero tenéis cines?", "y carrefour? y corte inglés? y la gente va vestida?". De verdad, eh? Hay que ser canario para darse cuenta de la cantidad de inutilidades que puede pensar una persona de un territorio en el que no ha estado. Que mucha gente se piensa que aquí desayunamos cocos que nos bajamos nosotros mismos de la palmera. Y descubrir que hay mucha gente en la peninsula que vive realmente aislada y como en los años cincuenta me da como una satisfacción personal.

Pero volvamos al tema, que me desvío: mi novio, de pueblo. En estos últimos meses he descubierto que hay un montón de cosas que nunca ha hecho. Por ejemplo, comer chino. Un día le dije: "pedimos chino para cenar?", y él puso una cara rara. Yo, que soy rápida cual lagarta le dije: "no te gusta?". Cara rara otra vez. Ahí ya me entró como una diversión interna por el esternón ataqué "lo has probado, verdad?". Y me responde el angelito: "Creo que lo probé una vez...". Casi me muero de risa. No lo puedo evitar, me hace mucha gracia cuando me pone esas caritas de "Pepe ha llegado a la ciudad". Así que pedimos chino esa noche, y claro, pedí todo lo que yo quise, como él no sabía qué le gustaba y qué no...

Mientras cenábamos me contó la historia de cómo había probado el chino por primera vez:

- Estaba en primero de carrera. Vivía con unos compañeros de clase.
- Todo tios?
- Si, todo tios.
- Como tenía que estar esa casa...
- La cuestión es que hicimos croquetas para cenar.
- Hicisteis croquetas? Con 18 años? Que profesionales, no?
- Eran de mi madre.
- Ah, que monada.
- Pero entonces estaban poniendo algo interesante en la tele y dejamos las croquetas al fuego en la sartén.
- Mmm...tenías que estar súper rico con dieciocho años...todo hormonas.
- Y claro, de repente nos llegaba un olor a quemado, y salía como luz de la cocina.
- Mmm...dieciocho...hormonitas...
- Y cuando fuimos a mirar estaba la sartén ardiendo.
- Bomberos...mmm...dieciocho...
- Y va uno de mis amigos y dice "yo lo apago!" cogiendo una jarra de agua.
- NO!
- Si, si, si. Yo salí corriendo de la cocina, y mi otro compañero casi salta por la ventana. Pero no nos dió tiempo a interceptarlo y claro, salió una llamarada de la sartén que casi no lo contamos.
- Y vinieron los bomberos? Llevaban camiseta? Sobrevivió tu amigo?
- Se quemó un poco las pestañas. Y claro, como habíamos quemado las croquetas, nos fuimos a un chino a cenar. 
- Claro, pobres, teníais que comer para alimentar todas esas hormonas.
- Ya ves, la cocina quemada entera, tuvimos que pintarla.
- Y cuentame, cómo eras con dieciocho?
- Pues igual que ahora.
- Pero más pequeño.
- No, tengo este tamaño desde los 12.
- Guau, pero tendrías carita de pequeñito.
- Bueno, si me afeitaba si.
- Mmm...enorme...con carita de recién llegado del pueblo...
- Y cómo es la carita de recién llegado del pueblo?
- Mmm...pues...hfksahdfhaidjkjaajajaajjajaakjdkjdjfidjfdp COMO PACO MARTÍNEZ SORIA!
- ...
- JAJAJAJAJAJAJAJA....y....y...y...UNA BOINA!!!!
- ...
- JAJAJAJAJAJA
- Y las gallinas en una jaula, no?
- Siiiiiiii!!!! JAJAJAJA, me muero...dios...muero...
- Se lo voy a decir a mi madre.
- No, por favor, no.


No sé como no me deja. Que santo es.

PD: Ni todos los catetos viven en pueblos ni todos los que viven en pueblos son catetos. Dejemos los complejos de inferioridad en el felpudo del blog. Thanks.

11 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
    2. Sorry, la senilidad y el lerdismo me hacen confundir a veces la procedencia de los datos. Borra mi comentario o edita esa parte, anda.

      Eliminar
    3. Es que claro,si el pobre estudió en la universidad de Mordor tampoco es que cambiase mucho de ambiente...

      Si no volvió a comer más en un chino es porque no le gustó o porque no volvió a quemar unas croquetas?
      Se quedó con un trauma y asocia comida china con deflagraciones en la cocina?.... NO, AL MANICOMIO OTRA VEZ NO!

      Como no me vas a contestar, si eso ya te lo pregunto por wasap :-P

      Eliminar
    4. Nunca más sintió esa necesidad urgente de salir a comer por fuera, XD.
      Y no creas que no me doy cuenta de tu jugada sucia para que te conteste, XD

      Eliminar
  2. AJAJAJAJAJA Me meo, eres super cabrona jajajajajaj yo haría igual!!!

    Por cierto... a mi me pasó lo mismo que a él, te lo recuerdo que os reisteis de lo lindo en mi post xD

    Tienes que llevarle al sushi =B

    ResponderEliminar
  3. ¡¡¡jajajajaj Pobres!! Como estaría la tía de la tele para quemar las croquetas jajajajja
    Es que el chino no le gusta a todo el mundo y tú no seas tan cabrita y enséñale mundo :D
    Besazo
    PD: he dicho mundo ehhhhh :P

    ResponderEliminar
  4. No sé por qué, pero a mí también me hacía gracia que mi novio fuera de pueblo. Y de los chiquiticos, de esos de 500 habitantes o menos.

    ResponderEliminar
  5. Jjajaja, vaya tela. Yo soy de Ceuta, así que sé las preguntas absurdas que os hacen a los canarios, en nuestro caso se parecen pero además añaden si estamos obligadas a ir con chilaba?? Vaya tela. Besos

    ResponderEliminar