viernes, 8 de marzo de 2013

El día de la guagua

Ayer leí este post del hematocrítico y me descojoné. Inmediatamente vino a mi mente una anecdota que suelo contar mucho sobre uno de los momentos de más verguenza de mi vida.

Recuerdo que mi hermano tenía seis años recién cumplidos así que yo debía de tener unos trece. Por aquella época yo ya empezaba a salir por las tardes con mis amigas a ver tiendas, merendar, perseguir chicos como si estuvieramos poseídas y ese tipo de cosas. Y a mi madre le parecía que una manera estupenda de que desarrollara mi sentido de la responsabilidad a la par que ella se libraba del suyo, era que me llevara a mi hermano pequeño conmigo. Todos sabéis que ahora adoro a mi hermano sobre todas las cosas pero en aquella época estaba hasta las narices de él. Con su corset para la escoliosis llamando la atención sobre nosotros (estaba pavísima), su cursilidad, su manera de meterse en las conversaciones con mis amigas, y para qué engañarnos, la verguenza que me daba tener que acoplarlo con nosotras. Ese día en concreto teníamos que coger la guagua, y no sé que clase de flus me dió, que pensé que sería una cosa maravillosa si pudiera usar el dinero del viaje de mi hermano para comprarme algo, digamos de bisutería bien barata. O a lo mejor era simplemente el placer de hacer algo fueriiiiisiiiima de la ley. El tema es que los niños menores de cinco años no pagaban en la guagua, y mi hermano acababa de cumplir seis.

- Po, mira, vamos a hacer una cosa.
- ¿Qué cosa?
- Como un juego. Cuando llegue la guagua, voy a decirle al chofer que tienes cinco años en lugar de seis.
- ¿Por qué?
- Porque así entrarás gratis. ¿Vale? Tienes que seguirme el juego y decir que si, que tienes cinco años.
- Pero tengo seis.
- Ya, pero vamos a mentir.
- ¿Por qué? 
- Para que entres gratis.
- Vale.
- Entonces, si el chófer te pregunta cuantos años tienes, qué vas a decir?
- Que tengo cinco.
- Bien.
- ¿Cuántos años tienes?
- Seis.
- NO!!! TIENES CINCO, CINCO!!
- Eso, cinco.

Así nos pegamos un buen rato hasta que llegó la guagua, yo venga a hacerle preguntas por sorpresa, asegurandome de que LO HABÍA ENTENDIDO. Y parecía que si, siempre me contestaba que cinco. Orgullosísima estaba de la fechoría que pretendíamos (pretendía) perpetrar.

Llega la guagua, nos subimos, pago mi viaje, y le digo que el niño tiene cinco años y por lo tanto puede entrar sin pagar. Bien, adivinad qué pasó.

- El niño tiene cinco años.
- Nooooooo, si ya tengo seis!!!!!!

Mi cara, un poema. La de mi hermano, otro poema. Y para arreglarlo, dice:

- Ah, no, que tenía que decir cinco!!!!

Pero lo mejor de todo, lo que hace la historia memorable, fue el chófer, que con una voz como de hermano mayor, me dice:

- Mi niña, si no tienes dinero yo te llevo gratis, pero no hace falta que me mientas...

ZAS!

Desde ese día soy bastante honrada. Y no me fío de ningún niño, por adoctrinado que esté.

8 comentarios:

  1. Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad... pero solo a algunos niños se les entiende, y por lo visto en los momentos menos oportunos.
    Y en ese momento te diste cuenta de que la flor en el culo de la familia no estaba entre tus glúteos. Bendita epifanía.

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  2. Jajajajajaja, me imagino lo mal que lo tuviste que pasar en ese momento, ¡si es que no se puede fiar uno de los niños! con lo mentirosillos que son para unas cosas y lo honestos que se vuelven cuando menos interesa, jajajajja.

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  3. Ains, lo que me encanta es la respuesta del chófer!

    Y los niños tienden a hacer esas cosas, ya sabes.

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  4. x___)


    Qué bueno!!! Pero Po, cómo le costaba no dispersarse, no?? xDDD

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  5. Buen chico y buena lección. Son de esas cosas aparentemente tontas que forjan el carácter.

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  6. Bim, yo cuando voy borracha perdida MIENTO. MUCHO. Y lo que es peor, la gente ME CREE.

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